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miedo en situaciones potencialmente peligrosas es totalmente normal
y necesario para animales y personas. Pero como todo, cuando hay
demasiado, es contraproducente. Entender las fobias caninas es
relativamente fácil, ya que se identifican con las de las personas.
La diferencia es que se dan con más frecuencia en los perros ya que
no existe una comunicación suficientemente explícita entre hombre
y perro como para que se le pueda explicar que no hay motivos para
tener miedo y que no le va a causar daño alguno.
Si además se tiene en cuenta que el
perro esta fuera de su entorno natural y esta siendo manipulado por
el hombre durante etapas críticas y fundamentales en su desarrollo
mental, entonces no es de extrañar que existan tantos casos de
fobias caninas, que por otro lado, la mayoría de las veces no
causan molestias, por lo que "para que preocuparse".
Tipos de reacciones
Algunos perros
experimentan reacciones de miedo, hacia estímulos inanimados como
los fuegos artificiales, tormentas eléctricas y sonoras (truenos y
relámpagos) o a los disparos de armas de fuego.
Desgraciadamente, muchas
de estas reacciones emocionales son aún más intensificadas por
querer resolverlas de la manera incorrecta, es decir, cobijando e
intentando calmar al perro con palabras dulces y abrazos.
Otros pueden sentir
miedo hacia personas o perros, pudiendo ser agresivos si no
consiguen alejar a la persona o animal que les produce ese miedo.
Otros temen la
soledad, comportamiento muy común en aquellos perros que
estaban habituados a una compañía constante pero que por razones
de trabajo, ahora pasan largas horas encerrados solos en casa.
Estos perros tienen como valvula de escape, la destrucción,
ladrar excesivamente o hacer sus necesidades. Nunca debe de
interpretarse como una venganza personal por haberlo dejado sólo.
Simplemente es el resultado natural de un animal sociable y
dependiente que sufre una "Ansiedad de separación".
Las causas de sus
reacciones
Pueden ser por falta
de costumbre hacia algo en particular. Si el perro ha tenido
la oportunidad de experimentarlo a una temprana edad y
moderadamente, entonces no le resultará extraño su aspecto o
sonido. Por el contrario, si no está habituado y lo experimenta
por primera vez con mucha intensidad, le causaría una reacción
traumática que provocaría una fobia hacia ese estímulo en
particular o cualquiera que se le parezca (aun con poca
intensidad). Cuando su perro acepta por las buenas quedarse sólo,
es gracias a que fue habituado a ello con anterioridad.
Como se trata
Primero hay que identificar
el tipo de miedo (estímulos inanimados, personas, animales, perros
o soledad). Una vez identificado, se le debe exponer al miedo de
forma constante y gradual. Algo que resulta bastante trabajoso y
requiere mucha paciencia.
Lo ideal es restablecer
una nueva asociación con el estímulo. Se provoca el miedo en su
grado mínimo y se recompensa (comida) al mismo tiempo.
El uso de tranquilizantes
Cuando un perro es muy
sensible de oido, los tranquilizantes pueden ser de ayuda. Sobre
todo si el perro no puede siquiera tolerar el grado mínimo. Debe de
practicarse tres veces al día a plena dosis. Pasados unas semanas
es posible entonces, que tolere el nivel mínimo, con lo cual se
empezaría a disminuir la dosis durante las dos semanas manteniendo
el mismo nivel de ruido. Una vez desaparecido el efecto de los
tranquilizantes, se empezará a subir el grado del volumen. Aunque
al principio es difícil notar mejoría, cuando la medicación ya no
sea necesaroa, se progresará más deprisa.