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éste tipo de rescate, los perros simplemente demuestran una vez
más, que pueden ir más allá de sus límites con tal de realizar
un salvataje, sin importarle cuál sea el terreno como así tampoco
si su vida corre o no peligro. Esta actividad por supuesto es
desarrollada en terrenos cubiertos por la nieve, que mayormente son
frecuentados por turistas, ya que la actividad más común es el
esquí.
Los esquiadores muchas veces corren
riesgos realmente inimaginables, como puede ser un alud o avalancha
de nieve. En éstas zonas donde los esquiadores gozan de su
actividad, se encuentran equipos de medición que son capaces de
detectar pequeños movimientos que anticipan o advierten la
posibilidad de una avalancha de nieve, no permitiendo por esto el
ingreso a las pistas de esquí. Muchas veces lamentablemente surge
en forma impredecible, cuando las condiciones meteorológicas
cambian en forma repentina, turistas y esquiadores quedan sepultados
bajo un inmenso manto de nieve.
A partir de ese momento, los perros
que participan en éste tipo de salvatajes entran en acción.
Este tipo de búsqueda es una de las
pocas especialidades de socorrismo que necesita la participación
inmediata del perro. Los canes van acompañados de equipos
sondeadores y paleadores, trabajando todos en forma simultánea,
aunque la actividad del perro es prioritaria, ya que, debido a su
gran velocidad para explotar el terreno además de su capacidad
olfativa, lo colocan como el protagonista de la búsqueda, ya que su
misión es la de encontrar a las víctimas sepultadas bajo la nieve
para que los paleadores puedan rescatarlas e iniciarles
inmediatamente el correspondiente trabajo de primeros auxilios.
Los perros más utilizados en este
tipo de salvatajes con el Pastor Belga Malinois y el Ovejero
Alemán.
La elección de éstas razas se
justifica a través de éstas condiciones físicas de los canes:
además de su gran capacidad olfativa deben poseer una construcción
anatómica realmente privilegiada y fuerte, ya que caminar en la
nieve es realmente dificultoso y fatigable.
Estos perros se adaptan rápidamente
a las bajas temperaturas, ya que entre su pelaje la naturaleza los
provee de una especie de lana que les sirve de abrigo, el pelaje de
los dedos se engrosa y gasta menos, sus almohadillas se endurecen y
de ésta manera tan aparentemente simple, evitan el congelamiento de
sus patas.
La única protección que la
naturaleza no ha podido suministrarle es la de sus ojos. Para ello
necesita de la mano del hombre, que debe colocarle un colirio para
protegerlo de los rayos ultravioletas cuando las jornadas de rescate
demandan varias horas de trabajo.
El entrenamiento de estos perros se
efectúa siempre en las mismas zonas montañosas y nevadas, donde el
rastro es la principal disciplina a ejercitar. Observar a estos
canes rastrear a personas sepultadas bajo la nieve es realmente
conmovedor. La nieve o agua congelada, mantiene perfectamente la
emanación producida por un cuerpo en estado desfalleciente. La
víctima de esta catástrofe al estar en una situación de vida o
muerte, produce alteraciones físicas en los tejidos, acompañadas
por la exteriorización de partículas sudoríparas de la persona o
personas sepultadas en el lugar, así como también la térmica
producida por un cuerpo vivo, y con la temperatura determinada.
Estas partículas salen a la
superficie debido al cambio de temperatura. Para explicarlo en un
término más sencillo, ellas son más "calientes" que el
medio ambiente y por lo tanto son más fáciles de captar por el
perro. A esto debemos sumarle la respiración del individuo
(obviamente en el caso de las personas vivas), fácilmente
perceptible para los canes.
Las condiciones meteorológicas son
realmente incidentes en éste tipo de búsquedas.
Una vez localizada la zona de
desastre, el perro comienza a ladrar y "rascar" con sus
manos en forma rápida y casi desesperante el lugar donde se
encuentra la víctima.